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Cuentos surrealistas - ebook 3

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  • Autor: Miguel R. Granda
  • Estado: Público
  • Idioma: Español
  • Duración: 1 Hora y 32 minutos
  • Calidad de audio: Narrado por un profesional

Libro electrónico 3.

Índice.

         1. El pastor de zombis.

         2. Esteban, el vampiro.

         3. La bacteria Z.

         4. Balas sin pólvora.

         5. Un novio inútil.

         6. Zombi-sapiens de mar.

1. El pastor de zombis.

        Extracto.

        Se llamaba Aurelio López, pero era más conocido como "el pastor", o más concretamente como "el pastor de zombis" porque se dedicaba a buscar muertos vivientes por la ciudad y llevarlos de aquí para allá (o eso decían) evitando que resultasen peligrosos para los demás. La gente lo admiraba (por su valentía) y lo temía (por su osadía) a partes iguales.

        Sus actividades, empero, no eran muy bien comprendidas por la g ente corriente, y por ello su vida (su biografía) era la comidilla de todos, que cuchicheaban en torno suyo por los matices de la exótica profesión que, en cualquier caso intuían que debía ser legal porque hasta ahora la policía no le había detenido por ello,, amén de que tenía los papeles de su particular empresa en regla, cosa ésta que podían ver sus clientes en una placa delante de la pared principal de su despacho.

    Rufino, el dueño del bar al que Aurelio iba con frecuencia, tenía un especial interés en sus actividades, de modo que un día que el bar estaba vacío y que, por t anto, se podía hablar con t otal discreción, le invitó a una copa, se sentó junto a él e iniciaron lo que fue una fructífera conversación para ambos.

2.Esteban, el vampiro.

       Extracto.

        Esteban Ruiz era usu nombre humano, porque los vampiros no tienen uno propio, que se tenga constancia; se comunican entre sí por sonidos inaudibles y con rituales extraños. Desde hacía sólo unos meses Esteban había cambiado de domicilio en Bucarest por uno más céntrico en el casco antiguo de Málaga, sencillo, pequeño, en un callejón secundario que terminaba en un hotel con dos salidas, una hacia el este y otra hacia el oeste. Lo bueno de su ubicación era que estaba en el centro más bullicioso y concurrido de Málaga, justo al lado de la plaz de la Constitución, que está presidida por una enorme bandera española.

        Vivir aquí resultó ser un gran acierto, y también una enorme suerte, pues la mayoría de las viviendas de la provincia en estos tiempos solían utilizarase como residencias vacacionales, también llamadas "Pisos Turísticos", que daban mucho más dinero a sus propietarios, pero que había obligado a mucha g ente a emigrar a zonas periféricas, más baratas. A Esteban esta zona le venía muy bien para obtener toda clase de servicios de forma cómoda y segura, servicios que ciertamente necesitaba para llevar a cabo sus múltiples negocios.

3.La bacteria Z.

    Extracto.

    Los zombis son mi pesadilla. Desde que surgieron por primera vez, y de eso hace ya mucho tiempo, los temo. Los temo desde el momento justo en que oí por primera v ez sobre ellos. ¿Por qué? Quizás por su impiedad, pues están hechos para aniquilar a los seres humanos vivos, como yo, y como tú, si es que aún puedes leerme.

    Tras el resurgir de esa maldita bacteria infecciosa de origen mutante, la ZombiMutantiLógicoNucleico (popularmente conocida como "bacteria Z") la sobreactividad provocada por ella en el cerebro muerto se apodera de él, levantando al cadáver. ¡Ya veis, un cadáver caminando! Y cuando ocurre, nos hace caminar, caminar tomándonos en ese momento en un ente voraz y caníval.

        Cuando el cerebro se hace puré, lejos de cesar toda actividad (como sería lo lógico) elo cadáver andante se vuelve totalmente caótico mientras vuelve a reorganizarse adquiriendo nuevas propiedades, nuevas cualidades inhumanas porque la bacteria asesina mutante Z puede entonces nadar a sus anchas en los sesos del humano y controlar sus funciones por la vía celular.

4. Balas sin pólvora.

     Extracto.

    Luisa Núñez nunca había sabido de dónde salían las armas para matar hombres lobos, y pensaba que del mismo sitio que las demás, las convencionales; vamos que en definitiva serían la misma cosa que esas pistolas que utilizaba la policía. En verdad hasta ahora este asunto no le había importado lo más mínimo, pero repentinamente cogió interés. Por eso aquella noche había ido a ver a Romualdo Gutiérrez (el perito licantrópogo) a su tienda de armas; allí aprendió más de lo que esperaba; fue una lástima para él que todo acabara en tragedia.

    -Ni mucho menos, Luisa. ¿Qué va a ser lo mismo?-replicó Romualdo rezongando un poco mientras ordenaba unas cuantas pistolas especiales para tener listo su próximo encargo, mientras una gran luna, llena y blanca los contemplaba desde la ventana situada detrás de él.

    -¿Por qué? ¿Qué tiene de diferente ese tipo de pistolas?

5. Un novio inútil.

    Extracto.

    -No te preocupes, cariño. Cada uno se dedica a lo suyo. No todos valen para todo -le recordó María Martínez a su novio, Víctor Gómez, consolándolo, antes de que aquél volviera a su antigua profesión en la oficina.

    Para olvidar el gran fracaso en su vida que suponía para Víctor lo sucedido, María incluso lo había invitado a comer, y él le agradeció el detalle. Porque en vez de eso María debería haberle formado una buena bronca y estar furiosa  con él durante días; pero en lugar de eso actuó de forma comprensiva; a fin de cuentas, entendió que su novio había tratado de realizar algo para lo que no estaba capacitado en absoluto, y que lo hizo por ayudar, y eso ella lo valoraba.

    María se dedicaba al tráfico de "armas especiales", como llamaba discretamente a las que servían para matar zombis, vampiros, hombres lobos e incluso fantasmas.

6. Zombi-sapiens de mar.

    Extracto.

    Raúl había muerto en el mar, y al morir, el virus ZombiMutantiLógicoNucleico (popularmente "Virus Z" o "bacteria Z"), que se activa en todos los humanos cuando ya no hay un hálito de vida en su cuerpo, lo puso en movimiento como zombi. Pero para entonces Raúl Z estaba en un banco de arena, y el tiempo, seco y calmo, sin vientos, no ofrecía resistencia, de modo que pudo ir andando hasta la orilla. Apesar del tiempo que había pasado sumergido en el fondo del mar, o quizás precisamente a causa de ello, Raúl Z no tenía heridas, ni magulladuras porque la sal había formado una costra protectora en su cuerpo, neutralizando de este modo su proceso natural de putrefacción. Era (aunque resulte un chiste decirlo) un zombi en salazón.

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